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Después de muchas quejas por causar efectos secundarios, ex vendedora revela por qué los productos Monat no son buenos

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La marca de productos Monat, la cual está siendo más que exitosa últimamente debido a su convenio con varios influencers venezolanos entre los que se encuentran un sin fin de celebridades se encuentra en el ojo del huracán.

Ya una investigación que realizó KNTV en asociación de la Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés), los productos Monat habrían ocasionado pérdida de cabello y ronchas en la piel de varios de sus clientes, por lo que recibieron más de 300 demandas en el año 2018.

A Monat se le une otra investigación, esta vez relacionada a la muerte de Alexis Sharkey, una influenciadora de Houston encontrada muerta con solo 26 años, vendía productos para Monat, una línea de cuidado del cabello y la piel que utiliza marketing multinivel (MLM).

Monat fue investigado por el fiscal general de Florida después de cientos de afirmaciones de que sus productos causaban una serie de problemas de cabello y piel. A la empresa se le «prohibió permanentemente» el uso de «declaraciones falsas o engañosas en la comercialización y venta de sus productos de belleza».

Además, Monat ofrece a sus vendedores estrella premios como camionetas Cadillac y viajes a las Islas Caimán, además de que los primeros cheques por comisión de venta serían, según la fuente de la periodista Angie Pérez, y ahí es donde queremos llegar, pero cada vez sale a la luz la realidad de esta empresa.

Una de sus ex vendedoras reveló como se trabaja en realidad, y que si no eres artista nunca vas a estar en la cima pues es una empresa pirámide.

 

Las demandas contra Monat por ocasionar daños en el cabello y la piel de sus clientes no paran.

Solo los artistas e influencers pueden llegar al tope de la piramide por tener y convencer a sus fanes de ganar dinero, haciendoles creer que seran dueños de sus propias empresas y que pueden manejar su tiempo a su antojo, pero la realidad es otra.

Una de las principales atracciones de Monat para cazar vendedores es ganarse un vehículo, donde hacen creer que la empresa te obsequia por las ventas, pero nada más alejado de la realidad, pues te da el dinero mes a mes, dependiendo de las ventas consecutivas, de lo contrario debes pagarlo de tu bolsillo.

Cientos de consumidores han hecho afirmaciones espeluznantes sobre Monat, una línea de champús y productos de belleza que se vende en las redes sociales. La línea de productos para el cabello y el cuidado de la piel con sede en Florida que afirma estar hecha sin ingredientes tóxicos como sulfatos y parabenos ha sido golpeada por demandas federales, y los clientes se quejan de que sus productos han causado calvicie, pérdida de cabello, picazón y otras reacciones adversas.

Vía The Freedom Post

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Así de controversiales son los negocios del banquero Juan Carlos Escotet

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Juan Carlos Escotet nació en 1959, en Madrid. Es hijo de emigrados españoles a Venezuela, país en el que hizo fortuna. La tercera por importancia de Latinoamérica, según Forbes, con cerca de 1.500 millones de dólares, tras llevar a su grupo Banesco, al liderazgo del sector financiero privado.

A los 20 años inició su carrera profesional en Banco Unión, en Venezuela. Poco después fundó Escotet Casa de Bolsa, que, en 1991, daría lugar a Banesco Banco Universal.

Escotet presuntamente mantenía negocios con el fallecido Hugo Chávez, de hecho asistió al entierro en marzo de 2013.

A Escotet también se le vincula con el general venezolano Hugo Carvajal, juzgado por delitos que en España equivalen a que pertenencia a una organización criminal con terrorismo y tráfico de drogas en su modalidad agravada. A Miguel Ángel Capriles López también se le cuestiona por sus negocios con el chavismo en Venezuela, a lo cual algunos señalan que ayudado por Escotet, ha invertido en España su opaca fortuna, logrando saltar débiles controles contra la legitimación de capitales

La oposición venezolana también se ha mostrado muy crítica con Escotet, a quién se le acusó de ser un colaborador del “chavismo” y un vehículo de lavado del dinero del narcotráfico. Con Nicolás Maduro las cosas no han hecho más que empeorar. Pero no reniega de los políticos.

El banquero financió la campaña de Henrique Capriles para las presidenciales. Sin éxito, como ha quedado demostrado.

En el año 2015, Banesco Panamá recibió una multa de 614 mil dólares por violar normas de prevención al blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo. El mito recibía su primera dosis de realidad.

Según informó el medio El Confidencial, Abanca entró como «objetivo prioritario» de esta unidad de delincuencia financiera española por sospechas de que había procesado fondos ilícitos de clientes latinoamericanos.

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El boliburgués Diego Salazar recibió soborno millonario de una empresa española

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Diego Salazar se habría gastado parte de los 2,7 millones de euros de un soborno en una estadía por 1 millón de euros en un hotel de lujo de París. 

Se abrió un nuevo episodio en la saga de corrupción de PDVSA en Europa. Una jueza de Andorra acaba de acusar a otro empresario español por su papel en la trama de lavado de dinero que involucra a la estatal petrolera venezolana.

Según documentos vistos por el diario El País, el fabricante sevillano de generadores eléctricos Ingelec pagó 2,7 millones de euros a la red de sobornos de PDVSA.

Como en todos estos casos, los pagos se realizaban con la intermediación de Diego Salazar, primo de Rafael Ramírez, el zar petrolero de Hugo Chávez.

Ramírez y Salazar se dedicaron a cobrar sobornos a empresas a cambio de adjudicaciones públicas en Venezuela durante el Gobierno de Chávez.

El entramado ocultó en Andorra unos 2.000 millones de euros entre 2007 y 2012. Principalmente, a través de la Banca Privada d’Andorra (BPA).

Esa institución financiera fue intervenida en 2015 por su participación en la trama internacional de corrupción protagonizada por Odebrecht.

La Justicia andorrana imputó el pasado mayo a Ingelec por un presunto delito de blanqueo de capitales. La firma sevillana transfirió entre 2009 y 2010 un total de 2,7 millones de euros a una sociedad panameña.

El dinero acabó en una cuenta en la Banca Privada d’Andorra. La cuenta era utilizada para pagar gastos del primo de Rafael Ramírez, Diego Salazar.

Salazar es uno de los presuntos cabecillas de la trama. Y figura desde 2018 entre los 28 procesados ​​por un juzgado de Andorra por integrar esta red de sobornos y corrupción vinculada con PDVSA. Allí también están los exviceministros chavistas de Energía, Javier Alvarado y Nervis Villalobos.

Corrupción y lujo

Los fondos de Ingelec acabaron en una cuenta en el BPA que se utilizó para abonar en 2009 gastos de alojamiento de más de un millón de euros en el hotel de lujo Four Seasons de París. También para enviar 834.000 euros a Estados Unidos para la compra de un inmueble.

Los investigadores andorranos sospechan de la transferencia de Ingelec. Y sostienen que la firma sevillana abonó los fondos a través de la sociedad pantalla (sin actividad) Pessons Mountains del empresario venezolano Roberto Javier Cobucci.

Cobucci justificó ante la BPA que el dinero de Ingelec respondía a un contrato público para la instalación, montaje y mantenimiento de maquinaria para la compañía Electricidad de Caracas.

Los investigadores cuestionan esta versión. “No se ha tenido acceso al encargo de Electricidad de Caracas”, indican en un informe del pasado marzo.

Junto a Ingelec, la jueza andorrana Stéphanie García imputó el pasado mayo por blanqueo a Cobucci y a su sociedad Pessons Mountains.

No es la primera vez que los fondos del primo de Rafael Raímrez centran la mirada de los investigadores andorranos, dice El País.

El empresario intentó en 2012 enviar 40 millones de Suiza a Francia para la adquisición de una propiedad. Pero una juez bloqueó esta operación.

Con información de El País.

Vía Primer Informe

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Biografía repasa la trayectoria de un magnate británico cuyo imperio quebró tras su misteriosa muerte en Gran Canaria

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Se abre el telón y aparece el cuerpo desnudo de un británico flotando en el mar a 27 millas de Gran Canaria. Nombre: Robert Maxwell. Profesión: magnate de la comunicación. Causa de la muerte: accidente, suicidio o asesinato. Se cierra el telón; empieza el espectáculo grotesco, reseña Carlos Prieto  en EL CONFIDENCIAL.

La muerte de Robert Maxwell tras desaparecer de su yate, la madrugada del 5 de noviembre de 1991, puso a prueba los rituales sociales británicos, no por su enigmático final (se llegó a especular que había fingido su propia muerte), sino por la bipolar valoración de su trayectoria. Con el cadáver caliente, los líderes políticos (Thatcher, Major, Kinnock) le elogiaron por sus aportaciones a la democracia, los periódicos glosaron su figura e Inglaterra convirtió su muerte en un Cluedo. Casi nadie había tenido buenas relaciones con Maxwell en vida, pero cuando un vip muere por sorpresa, se tiende al ditirambo.

Duelo de titanes

Solo Rupert Murdoch, némesis de Maxwell, mantuvo a raya la hipocresía tras el deceso. “Entre toda la efusividad, uno de los tributos fue breve hasta la sequedad. ‘Robert Maxwell fue un hombre notable. Mi mujer y yo hemos dado personalmente el pésame a su viuda y su familia’, dijo Rupert Murdoch”. Lo cuenta John Preston en ‘Fall’, fascinante biografía de Maxwell publicada ahora en el Reino Unido.

En efecto, había mucha tensión interna en las condolencias de Murdoch. El magnate australiano llevaba un cuarto de siglo disputando a Maxwell el control de la prensa británica popular, batalla en la que Murdoch profirió las mayores puñaladas traperas, y Maxwell los insultos más gruesos: “Ese australiano bastardo”.

Los piques empezaron a principios de los sesenta, cuando Maxwell trató de timar a Murdoch en un negocio de enciclopedias. Cada vez que competían por comprar un rotativo, Murdoch solía ganar y Maxwell patalear, reflejo de la naturaleza (frío y astuto uno; histriónico y volcánico el otro) de estos dos monstruos de la comunicación, las negociaciones despiadadas y el fango. Murdoch utilizó tanto juego sucio como Maxwell, pero sin una palabra de más. No obstante, dos décadas después de la muerte de su rival, Murdoch se desmelena en el libro de Preston: “Maxwell era un completo bufón”.

Resumiendo: Maxwell fue el Murdoch de barraca de feria.

Pero volvamos al pésame. Conocedor de los graves problemas económicos de su enemigo íntimo, Murdoch intuía que el imperio de Maxwell moriría con él, solo tenía que dar unas condolencias lacónicas y esperar a que la prensa empezara a escarbar…

Tormenta de mierda

En efecto, dos semanas después de la muerte de Maxwell, se desató una tormenta de mierda sobre el finado. Su grupo de comunicación estaba en quiebra: 763 millones del libras del año 91 se habían volatilizado. En un intento desesperado por tapar los agujeros y deudas de sus empresas, Maxwell se gastó los fondos de pensiones de miles de sus empleados. Drama nacional.

Maxwell pasó en tiempo récord de figura reverenciada a mayor sinvergüenza de la historia de Inglaterra. Evolución salvaje reflejada en las portadas de su tabloide estrella, el ‘Daily Mirror’, cuyos periodistas implosionaron tras saber que el patrón se había fundido los 350 millones de libras de su fondo de pensiones. Su periódico pasó en unos días de titular en portada «MAXWELL: EL HOMBRE QUE SALVÓ EL ‘MIRROR» a «LOS MILLONES DESAPARECIDOS DEL ‘MIRROR». Acompañado de editoriales desgarrados: “En este momento, ni los banqueros, ni los directivos ni nuestro ‘staff’ saben qué será del ‘Daily Mirror’ después de esto. No obstante, te prometemos [tuteo al lector típico de los tabloides] que te entregaremos la verdad sobre este asunto cuando la sepamos”.

Todo ello, en un periódico acostumbrado a hacer la píldora a su dueño más allá del ridículo. Maxwell era uno de esos editores megalómanos a los que les gustaba ver su foto en el periódico a la menor excusa: en sus primeros seis meses al frente del ‘Mirror’, su foto apareció más de 100 veces. “Manejaba el ‘Mirror’ como si fuera una broma. Siempre poniéndose en primera plana. Mi foto nunca aparece en mis periódicos, tampoco una cita mía si puedo evitarlo. Pero el ego de Maxwell era enorme”, cuenta Murdoch en el libro.

Pero el editorialista del ‘Mirror’ no fue el único que se tuvo que tragar un sapo a su muerte. El periodista Charlie Willson, elegido portavoz de la familia Maxwell a la muerte del patriarca, lo explica así en el libro: «Cuatro semanas antes, pasé varios días yendo de una televisión a otra explicando lo gran hombre que había sido Maxwell. Ahora tenía que hacer todo el recorrido de nuevo diciendo lo cerdo y lo sinvergüenza que era».

‘The Sun’ fue especialmente sangrante con la caída de Maxwell: para agradar a su propietario (Murdoch), pero también para ajustar cuentas con su principal rival en los quioscos, el laborista ‘Mirror’ (espejo en inglés), nombre apto para uno de esos titulares/juego de palabras marca de la casa: “ESPEJITO, ESPEJITO, ¿QUIÉN ES EL MAYOR LADRÓN DE TODOS?». Repuesta: MAXWELL.

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