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España

El misterio de las esmeraldas arrebatadas en 2019 por la Guardia Civil española a un empresario colombiano

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Aún no habían dado las siete de la mañana del 17 de febrero de 2019 cuando el empresario Florencio Murcia Murcia, comerciante de joyas de una conocida familia colombiana, aterrizaba en Madrid tras viajar toda la noche.

Por Roberto R. Ballesteros | El Confidencial

El hombre venía de Bogotá y hacía una escala técnica en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas antes de retomar su viaje hacia Abu Dhabi, primero, y Bangkok, su destino final, donde le esperaba su socia Inés Hincapié para exponer en una feria de muestras de la capital tailandesa. Al entrar por la puerta de llegadas de la Terminal 4, sin embargo, un pequeño error de situación dio lugar a que su aventura aérea sufriera un vuelco que le mantendría ocupado durante casi dos años. Según consta en el atestado realizado por la Guardia Civil, un agente detectó que el hombre se disponía a acceder por el paso previsto para viajeros que no tenían que declarar mercancía. El funcionario le paró, le preguntó de dónde venía y le invitó a entrar por la compuerta que conducía a la supervisión fiscal.

Al atravesar el arco de rayos x, los guardias detectaron que en la mochila que colgaba en la espalda del colombiano había «una serie de objetos de pequeño tamaño con alta densidad», por lo que pidieron al viajero que abriera el equipaje. Los funcionarios encontraron en el interior un «bolso bandolera» y, dentro de él, «una cantidad abundante de lo que parecen ser gemas preciosas de color verde». El portador de las joyas corrigió entonces a los agentes. «Son esmeraldas», les indicó antes de mostrarles las seis facturas que acreditaban que se trataba de un producto que iba a ser exportado pero que no impidieron que la Guardia Civil detuviera al colombiano por un presunto delito de contrabando.

Los agentes entendieron que éste tenía que haberles comunicado que transportaba ese material para declararlo, por lo que se incautaron de las piedras —que pesaban 660 gramos y estaban valoradas en más de 450.000 dólares, como indicaban los propios documentos mostrados por Florencio— y las depositaron en las «dependencias» del instituto armado del aeródromo, dentro de una bolsa de evidencias. Además de las joyas, los agentes le intervinieron al recién llegado 1.596 dólares que llevaba en metálico y los depositaron en una cuenta judicial.

Murcia pidió entonces la asistencia de un abogado de oficio, que se personó en el aeropuerto tan solo un par de horas después con el fin de asistir al viajero. La Guardia Civil comprobó que el colombiano carecía de antecedente policial alguno y que su situación en España era «regular», como certificó la Dirección General de la Policía tras ser requerida por la benemérita. Los agentes de aduanas fotografiaron entonces las cuatro bolsas de joyas con el fin de incluirlas en el atestado. Todas ellas tenían impreso el logotipo de la Agencia Nacional de Minería de Bogotá. Dos miembros de la Oficina de Análisis e Investigación Fiscal de la Guardia Civil fotografiaron el material y lo introdujeron en una bolsa más grande de evidencias. Más tarde, otros dos agentes realizaron un segundo reportaje fotográfico que no figura en el sumario judicial y que, según los propios autores, tenía fines «estadísticos y de inteligencia». Para realizarlo, los agentes desprecintaron la mencionada bolsa de evidencias y «al menos parte de los envoltorios» que contenían las esmeraldas.

Luego volvieron a precintar todo en una segunda bolsa de evidencias en la que incluyeron las joyas y la primera bolsa antes de retornar el paquete a la caja fuerte ubicada en la Oficina de Atención al Ciudadano de la terminal, que no cuenta con «especiales medidas de seguridad en cuanto a la custodia de la llave» o a «llevanza de algún tipo de control y constancia sobre la apertura, sistema de videovigilancia…». Esto último habría permitido que sin mucha dificultad «cualquiera de los guardias de dicha oficina pudiera haber accedido a la misma». Así lo relata el Juzgado de Instrucción 30 de Madrid, que investigó el asunto, aunque no precisamente para demostrar la culpabilidad del colombiano.

El magistrado Jorge Bartolomé Moriano abrió inicialmente una causa por el supuesto contrabando contra Murcia, pero tardó apenas diez días en archivarla. El 28 de febrero de 2019 el instructor acordó el sobreseimiento de las diligencias previas y ordenó la devolución del material intervenido a su propietario. Al día siguiente, la Guardia Civil retiró del depósito de los juzgados un sobre marrón precintado que tenía «una cantidad indeterminada» de esmeraldas para devolvérselas al empresario. Un día después, Florencio se personó en los juzgados para recoger el material, pero algo no cuadraba.

«Faltan 74 piedras»

El colombiano había consignado el paquete en la solicitud de autorización de embarque y había descrito que contenía 780 esmeraldas talladas, como reconoció el Juzgado 30 en su auto de archivo, una suma que no correspondía con la que había en el sobre recién entregado. «De las cuatro bolsas que había en el interior precintadas, una de ellas, la más grande, fue abierta en mi presencia, pero las otras tres no», explicó Murcia en el acta que redactó en el momento de la recogida. Faltaban, añadió, 74 piedras, precisamente las que destacaban por su valor. Algunas, agregó, habían sido sustituidas por trozos de plástico y de vidrio verdes que imitaban a los originales. Otras directamente habían desaparecido.

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España

Así boliburgueses y bolichicos compran inmuebles en España

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Madrid es una de las caras del éxodo venezolano. Según datos del último padrón municipal, actualizado el 1 de julio de 2020, en la capital de España residen 42.240 venezolanos. Por detrás de la rumana, la venezolana es la segunda nacionalidad extranjera en una ciudad en la que viven más de medio millón de foráneos, reseñó Deutsche Welle.

Simultáneamente se observa qué emprendedores venezolanos han montado negocios, fortunas tradicionales, así como también nuevos ricos o “bolichicos” surgidos a la sombra del chavismo han invertido en inmuebles en Madrid, España.

El mercado inmobiliario de la capital también percibe la mayor presencia venezolana. Un estudio de la inmobiliaria Redpiso, publicado en 2018, señalaba que los venezolanos encabezaban la adquisición extranjera de viviendas en Madrid, por encima de rusos y chinos, quienes más compraban hasta entonces.

¿Quiénes son los venezolanos que pueden permitirse comprar vivienda en Madrid? “Por un lado, está la clase media venezolana, profesionales con estudios, que han hecho carrera en las finanzas, la banca, los servicios, la industria… Es gente que tiene dinero para comprar un piso en barrios modestos de Madrid.

“Millonarios venezolanos de toda la vida, como el banquero Juan Carlos Escotet, las hijas de Carolina Herrera, Víctor Vargas, apodado el banquero rojo, cuya hija Margarita está casada con Luis Alfonso de Borbón”, enumera Placer, son algunas de las fortunas tradicionales de Venezuela afincadas en inmuebles de lujo en Madrid.

Y después están los nuevos burgueses bolivarianos, conocidos como “bolichicos” o “boliburgueses”, términos acuñados por un periodista venezolano para designar a quienes amasaron grandes fortunas durante el chavismo o que ocuparon altos cargos políticos del régimen.

Placer menciona unos cuantos ubicados en el país ibérico, donde realizan millonarias inversiones inmobiliarias y cultivan relaciones al más alto nivel. “La Audiencia Nacional investiga una red de lavado de dinero en España procedente de Pdvsa, todos antiguos cargos del chavismo, excepto Raúl Gorrín, que sigue ligado a él, y está señalado como testaferro de Nicolás Maduro”, prosigue Placer.

“También está el exviceministro de Energía Eléctrica con Chávez, Nervis Villalobos, que adquirió en España más de 100 inmuebles, sobre todo en Madrid y Marbella”, dice el escritor. “Y el ‘bolichico’ mayor, Alejandro Betancourt, que adquirió la exitosa empresa de gafas de sol Hawkers”.

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España

Venezolanos que se apoderaron del barrio de Salamanca en Madrid están de retirada

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Una élite integrada por colombianos, mexicanos y exiliados venezolanos, pudiera decirse que se han adueñado del barrio de Salamanca, una de las áreas más exclusivas y costosas en el centro de Madrid. Sin embargo, desde 2019 varios venezolanos han puesto en venta sus propiedades de lujo en la capital española, como lo reseña El Confidencial.


¿Hotel o pisos de lujo? Los venezolanos siguen intentando soltar lastre inmobiliario

El capital venezolano está de retirada en España. En los últimos dos años, y ante el inminente cambio de ciclo en el mercado residencial de lujo, han puesto en venta buena parte de sus activos inmobiliarios en la capital, donde entraron con fuerza en 2013 y 2014, cuando solamente invertían en España fondos oportunistas, lo que les permitió hacerse con un número significativo de inmuebles en el centro de Madrid, en concreto, en el barrio de Salamanca, su distrito por excelencia, a precios muy atractivos.

Por E. Sanz | El Confidencial

Desde 2018, el capital venezolano está de retirada, poniendo a la venta y consiguiendo vender buena parte de los edificios adquiridos que no han podido o no han querido desarrollar. La última pieza en el mercado es San Bernardo 126, propiedad de LemonPrime, una de las primeras sociedades de capital venezolano en aterrizar en España, propiedad de los hermanos Manuel y Federico González Weil.

El edificio, que lleva en venta varios años, no consigue comprador debido a las elevadas expectativas de venta de sus propietarios, explican a El Confidencial diferentes fuentes del mercado de lujo, tal como ha sucedido con otros activos. El inmueble dispone de una superficie sobre rasante de algo más de 3.000 metros cuadrados —y casi 1.800 bajo rasante— y por él piden unos 15 o 16 millones de euros, lo que supondría un precio de repercusión de unos 4.000 euros el metro cuadrado, un precio, según los expertos consultados, muy elevado para sacar adelante un proyecto rentable que, tal y como figura en la propia página web de LemonPrime, contempla 24 viviendas de lujo, un local comercial y 32 plazas de aparcamiento. Pero no ha sido desarrollado.

El edificio fue adquirido a Altamira y, tras gestionar y tramitar la licencia de obras y después de la aprobación del proyecto, LemonPrime decidió ponerlo en venta, una estrategia —la de vender el edificio con la licencia de obra y el proyecto aprobado— muy similar a la que han seguido otros inversores, como por ejemplo Logika European Partners, un fondo detrás del que se encuentran el hijo de Ernesto de Hannover y capital de origen colombiano.

A favor del edificio juega el hecho de que cuenta con doble licencia, para uso hotelero y residencial, tal y como explican a El Confidencial diferentes fuentes. Un doble uso que abre el abanico a un mayor número de potenciales inversores. De hecho, como adelantaba El Confidencial hace unos días, el grupo inversor de Hong Kong, Platinum Real Estate, está tramitando un plan especial para poder recuperar el uso hotelero del edificio de Zorrilla 19, al observar mayores posibilidades de venta del edificio con este uso que como residencial.

Los venezolanos, en retirada

LemonPrime fue una de las primeras firmas de capital venezolano en aterrizar en Madrid. Lo hizo en el verano de 2012, cuando la prima de riesgo en España se encaminaba a máximos históricos y la salida del euro empezaba a cobrar fuerza. En aquel entonces, Renta Corporación cerraba la venta de Príncipe de Vergara 11, uno de los edificios más emblemáticos, espectaculares y exclusivos del barrio de Salamanca, a un pequeño grupo de inversores venezolanos asesorados por los hermanos González Weil. Por aquel edificio se pagaron unos 24 millones de euros, en torno a 4.000 euros el metro cuadrado.

La sociedad es propiedad de los hermanos Manuel y Federico González Weil. Es una compañía de capital venezolano —sería el equivalente a Gran Roque Capital, de Miguel Ángel y Áxel Capriles— que desde hace casi una década busca oportunidades de inversión en Madrid para las grandes fortunas de su país. Molior Arquitectura y Construcciones, cuyo director general es Carlos González Weil, se encarga de la puesta a punto y lavado de cara de los edificios. De hecho, su firma está detrás de los grandes proyectos de rehabilitación de lujo de Madrid del último lustro.

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España

La lamentable y trágica muerte en España del repartidor venezolano de Deliveroo Néstor Alexander Pérez

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Ewald Scharfenberg
@Ewalds6

Néstor Alexander Pérez, el motorista venezolano de Deliveroo fallecido en Madrid, era abogado y en sus ratos libres leía «desde Adam Smith, hasta los ilustrados franceses».

Otro legado del comandante: el proletariado internacional del delivery.

EL PAÍS: Muerte de un repartidor precario: el pedido de Deliveroo que nunca llegará a su destino

Un pedido de Deliveroo se perdió en el camino el domingo pasado. La plataforma global de comida a domicilio tuvo que avisar al cliente de que una incidencia imposibilitaba la entrega. El motorista que transportaba el paquete había fallecido tras chocarse con un camión de la basura en la confluencia de las calles de Tomás Borrás y de Embajadores, en Madrid. Se llamaba Néstor Alexander Pérez, de 48 años, un venezolano corpulento que ejercía la abogacía en su país. Allí colgó la toga tras recibir varias amenazas, pero el cambio de profesión y de país no le libró de una muerte prematura.

Por Miguel Ezquiaga Fernández | EL PAÍS

Pese al toque de queda que impera en la capital, el servicio a domicilio se presta hasta la medianoche. Una hora antes Néstor recibía en su teléfono el mensaje con las indicaciones del último envío del día, aquel que le costó la vida. La Policía Municipal todavía investiga las causas del siniestro mortal. Dos enfermeros del hospital Clínico San Carlos y otro jubilado del Samur escucharon la colisión desde sus viviendas y bajaron a socorrer a la víctima, que entró en parada cardiorrespiratoria tras fuertes traumatismos en la cabeza y el pecho. En medio de la reanimación, el móvil de Néstor comenzó a sonar. La pantalla indicaba que la llamada se producía desde Caracas. Uno de los sanitarios descolgó, elevando la voz por encima de las sirenas:

—Néstor, cielo, ¿qué pasa?

—Néstor está inconsciente porque ha sufrido un accidente. ¿Tiene familiares o personas cercanas en Madrid?

Fue entonces cuando la prima del otro lado del charco avisó de lo sucedido a Marcos Pérez, de 45 años y hermano del fallecido, quien se presentó en el lugar de los hechos. A la altura del número 168 de la calle de Embajadores se agolpaban las ambulancias y los coches patrulla, aunque la pelea por la vida del repartidor estaba perdida de antemano y este falleció en el acto. Dos psicólogos, vestidos con bata blanca, se aproximaron a Marcos: “No tuvieron que abrir la boca, por su gesto intuí lo que había sucedido. Mi hermano murió sobre el mismo asfalto que recorría cada día”. A raíz de la crisis sanitaria, Néstor abandonó Glovo —aún utilizaba su macuto cuadrado y amarillo— y trabajaba como repartidor sustituto de Deliveroo.

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