¿Daniel Sancho, un asesino “privilegiado”?: cómo algunos medios españoles han intentado blanquear su crimen

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Hace unas semanas se produjo un brutal crimen en Tailandia que ha conmocionado a la opinión pública española. El protagonista del mismo es Daniel Sancho, un joven de 29 años que confesó haber matado y descuartizado al cirujano colombiano Edwin Arrieta, con quien había mantenido una relación sentimental. Sancho es hijo del actor Rodolfo Sancho y nieto del legendario Sancho Gracia, lo que le ha otorgado una notoriedad mediática que ha influido en el tratamiento informativo del caso.

La imagen del asesino: entre el morbo y la compasión

Desde que se conoció el crimen, muchos medios de comunicación españoles han optado por mostrar una imagen de Sancho que ha sido calificada de blanqueadora y exculpatoria. Así, se han publicado fotografías del joven en actitudes sugerentes, luciendo su cuerpo musculoso y bronceado, como si se tratara de un modelo o un famoso. Además, se han resaltado aspectos de su vida personal y profesional, como su faceta de chef o su entrevista más íntima y reveladora, reseñó Actualidad RT.

Por otro lado, se ha prestado una gran atención al dolor de su familia, especialmente de sus padres, que han expresado su consternación por lo ocurrido. También se ha informado sobre la asistencia consular que ha recibido Sancho en Tailandia, donde está preso en una cárcel. Todo ello ha generado una sensación de que se está intentando humanizar al asesino confeso y minimizar su responsabilidad.

La invisibilización de la víctima: un caso de homofobia

Mientras tanto, la víctima del crimen, Edwin Arrieta, ha quedado relegada a un segundo plano en la mayoría de los medios españoles. Pocos han sido los intentos de dar voz a sus familiares y amigos, que han tenido que soportar el silencio o la tergiversación de los hechos. Arrieta era un cirujano colombiano que trabajaba en Tailandia y que había conocido a Sancho el año pasado a través de una red social. El 2 de agosto se encontraron y ese mismo día Sancho le mató y le descuartizó, arrojando sus restos en diferentes lugares.

Sin embargo, algunos medios han difundido la versión del asesino, según la cual Arrieta era un homosexual obsesionado con Sancho, que le habría acosado y chantajeado con publicar fotos comprometedoras si le dejaba. Esta narrativa homofóbica pretende presentar al asesino como una víctima de las circunstancias y al asesinado como un villano perverso y retorcido.

Un ejemplo extremo de este discurso es el artículo publicado por Salvador Sostres en el diario ABC, titulado “Dani en Tailandia”, donde afirma que Sancho fue víctima de “la mala leche del maricón”, que le llevó a la “enajenación” y a matar para “escapar de la cárcel mental” en la que le había encerrado Arrieta. El columnista propone trasladar al asesino a España para que lo vean “un cura y un psiquiatra”.

El doble rasero mediático: una cuestión de clase y origen

El tratamiento mediático del caso Sancho contrasta con el que han recibido otros acusados o condenados por asesinatos en España. Así, se ha comparado la imagen que se ha dado de Sancho con la que se dio de Julia Quezada, que mató al hijo de su pareja, o de “El Chicle”, condenado por asesinar a la adolescente Diana Quer. En estos casos, no hubo ningún intento de justificar o compadecer a los criminales, sino todo lo contrario.

Muchas personas se preguntan si el tratamiento mediático habría sido diferente si Sancho hubiera tenido otro perfil: si hubiera sido mujer, inmigrante, pobre o feo. También se cuestiona si el hecho de pertenecer a una familia de actores famosos le ha otorgado algún tipo de privilegio o protección.

Asimismo, se ha criticado la diferencia de atención que ha recibido Sancho por parte del Gobierno español, en comparación con otros ciudadanos españoles encarcelados en el extranjero. Un caso paradigmático es el del periodista Pablo González, acusado de espiar para Rusia y que lleva 18 meses en prisión preventiva en Polonia, en un régimen de semiincomunicación. Su situación ha sido denunciada por diversos colectivos, que reclaman una mayor intervención del Gobierno español para resolver su caso.

El caso Sancho ha puesto de manifiesto las desigualdades y los prejuicios que existen en la sociedad española y que se reflejan en los medios de comunicación. La imagen que se ha dado del asesino confeso ha sido favorable y compasiva, mientras que la de la víctima ha sido invisibilizada o tergiversada. El tratamiento mediático ha sido sesgado y homofóbico, y ha revelado una doble vara de medir según la clase, el origen o la apariencia de los implicados.

 

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